Bienvenido al Blog de la Parroquia Nuestra Señora de La Guardia y San Luis Gonzaga.

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viernes, 5 de febrero de 2010

Misión en Gori.


Un segundo equipo se dedicó a la misión en el barrio Gori.
Ricardo, otro de los seminaristas nos cuenta su experiencia:

"Es muy difícil describir y evaluar la riqueza de lo que vivimos.
Recorrimos una zona de aproximadamente seis cuadras que se denomina barrio Gori.
La recepción fue buena en las casas donde nos abrieron, y fue un aporte importante el ir acompañados de personas que integran la comunidad y al mismo tiempo pertenecen al barrio desde hace un buen tiempo.
Es interesante descubrir como la realidad de barrio y comunidad se iba mezclando, estaba como fusionada, el barrio se vivía como otra comunidad, ninguna persona era ajena.
Una cosa que voy descubriendo en esta experiencia de misión es la realidad que vive la gente puertas adentro. En los breves minutos en los que uno entabla la comunicación me he encontrado con casos en que la gente vive como encarcelada en su casa por la inseguridad, los robos , la soledad u otras circunstancias, y experimentan el no poder integrarse a la comunidad ni poder ir a Misa como una experiencia dolorosa.
La integración en este pequeño grupo misionero de personas de la comunidad de Gori, nos permitió conocer el corazón propio de dicha comunidad: su espontaneidad, sus inquietudes evangélicas, su problemática, la intimidad y familiaridad en las relaciones; y nosotros participando de toda esta riqueza mientras íbamos puerta por puerta.
Por todo esto, la experiencia fue de mucha riqueza".

Misión en Punta Espinillo.


Luego de la visita de nuestro Arzobispo, se hicieron dos equipos para misionar en el barrio Gori y en Punta Espinillo.
En este último lugar nos esperaba Mariela, integrante de la comunidad, que conoce muchísimo la zona ya que trabaja con un reparto de pan. Esto facilitó mucho la organización de una visita a varias familias, que se mostraron muy contentas de recibirnos. Ella nos da su testimonio:

“Recorro toda la zona, todos los días, entonces conozco a la gente, y así se dio esta actividad.
El 24 de diciembre hicimos un pesebre, lo preparamos en poquitos días y fue como algo mágico. A raíz de eso, hoy fuimos a visitar a todos lo niños que participaron de ese pesebre, lo que significó unir todas estas familias que tienen fe, que son católicas, y que, bueno, falta una chispita para poner un poco de entusiasmo y que vengan, que participen.

A lo que yo estoy en contacto todos los días con ellos por mi trabajo, entonces más o menos ya sé, por ejemplo, en la primera familia que visitamos, Nicolás, un chiquito, está para bautizar; y así se va dando, vamos invitando a integrarse a la catequesis.
Hay experiencias que a la comunidad le gustaría retomar: el Vía Crucis, que ya son años que no se hace; falta un grupo de catequesis para toda una generación de niños que no la tuvo, para que puedan retomarla y puedan recibir los sacramentos”.


Para los seminaristas que acompañamos esta actividad, fue una experiencia hermosa, distinta de las anteriores; claro, estas personas esperaban deseosas nuestra visita. De hecho nos quedamos con la lástima de no poder disponer de más tiempo para conversar en cada casa, pero es algo a tener en cuenta para el próximo año.

Luego de una breve celebración compartimos una merienda con la comunidad que se reúne en esta zona de la parroquia.

Visita de Mons. Nicolás Cotugno.


Antes de salir, en la tarde del jueves, nos sorprendió la visita de nuestro pastor, Mons. Nicolás Cotugno sdb, interesado en informarse acerca del desarrollo de la misión parroquial. Compartió un té con los misioneros y dejó el siguiente mensaje para la comunidad.


“Estoy con el párroco y los seminaristas, que han tenido la muy brillante idea de dedicar unos días de misión en la parroquia. Quiero felicitarlos, y quiero manifestarles también el deseo, y para eso rezamos, de que pueda ser el comienzo de un camino, de un itinerario a través del cual podamos reafirmar la fe en Jesús, el Señor, que seguramente está en medio de nosotros y espera que lo podamos descubrir a través de su Palabra, de las personas que nos rodean, sobre todo a través de la eucaristía que celebramos en nuestro templo, y que como personas antes que nada, como familia, como comunidad, podamos encontrar la alegría de saber que en medio de nosotros está Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre, y que no se fue, se quedó de una forma un poco oculta evidentemente, pero que a través de la fe se nos revela, se nos manifiesta, se hace sensible en su presencia a través de una palabra de afecto, una palabra cercana, un gesto de amistad, sobre todo de solidaridad en los momentos que necesitamos que alguien, no sólo nos dé una mano en las cosas materiales, que evidentemente son necesarias, sino también una mano en lo que es el descubrir el sentido de nuestra vida, y el poder vivir de una forma solidaria, de una forma alegre, de una forma comprometida de tal manera que el bien común sea el bien de todos, el de cada uno, y que podamos sentirnos una verdadera familia.


Entonces, una invitación para toda la familia cristiana, que en sintonía con lo que nos ha dicho nuestro cuarto sínodo arquidiocesano y la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Aparecida, de la que salimos todos enfervorizados, con el deseo de ser discípulos del Señor y misioneros, que podamos todos asumir esta dignidad común que todos tenemos: somos discípulos de Jesús, el Señor, y sus misioneros. Es Jesús el que sigue evangelizando a través de nosotros, a través de cada uno de nosotros, a través de nuestras familias, a través de toda nuestra comunidad; por eso, los aliento a todos para que, bajo la mirada de María, la Madre de Jesús y Madre nuestra, podamos también nosotros ser portadores de Jesús, y para eso, de todo corazón y con todo mi afecto, les imparto a todos la bendición de Jesús.


Y a propósito, una invitación: me gustaría encontrarme con los pescadores, y tener un momento de encuentro, sea para pescar, sea para estar juntos, sea para disfrutar un momento de encuentro, de diálogo, de conversación, y cómo no, de poder compartir del fruto de nuestro trabajo. Hasta pronto.”

jueves, 4 de febrero de 2010

Segunda etapa de misión.

Segunda etapa. Jueves a la mañana.


Con el cielo “encapotado” y “amenazante” salimos a nuestra segunda etapa de misión. Pudimos misionar unas dos horas, y sentir la satisfacción de dejar varias zonas del territorio parroquial “cubiertas”. En general, se vio a los integrantes de los distintos equipos entusiasmados y satisfechos con la actividad.

Aída, que nació en el pueblo y formó parte de la comunidad casi toda su vida, actualmente como catequista, integrante de un grupo de lectura bíblica, ministra de la eucaristía, integrante del equipo de economía, encargada del rosario parroquial, en fin, una laica comprometida que colabora en todo lo que puede, nos dio su testimonio.

“Espero que esta misión sirva para que más personas formen parte de la Iglesia Católica, porque acá, en el pueblo, están un poquito alejadas, no sé el motivo, principalmente los jóvenes, no hay muchos jóvenes. Esperemos que la misión sirva para que los jóvenes, los niños y los mayores se acerquen; y también que la Iglesia se acerque un poquito a la gente que no se puede acercar a ella por motivos de enfermedad”

¿Cómo fue la respuesta de la gente hoy?
“Muy bien, nos atendieron muy bien, con mucha educación, y espero que sí, que haya dejado una semilla. Teníamos un poquito de miedo, a ver cómo te reciben, porque a mí misma me cuesta recibir a personas de otra religión en mi casa, pero sinceramente en los lugares que estuvimos, que fueron muchos nos recibieron muy bien. Nuestro equipo recorrió la cooperativa de viviendas COVISANVA, y el barrio que se encuentra al sur de Luis Batlle Berres”.

Gonzalo, un niño de once años y que se prepara para su tercer año de catequesis, originario de Punta Espinillo, acompañó a uno de los equipos y nos contó su experiencia.
“Ayer yo le pregunté a Luis si podía ir con los misioneros porque quería conocer; yo no sabía nada de esto y quería saber cómo era; después Gregory, uno de los seminaristas, me preguntó si quería ir con él y le dije que sí. Quería ver cómo era la gente, cómo eran los seminaristas, y en especial cómo era la misión, y si se puede los voy a acompañar mañana también.
En la recorrida vi gente que, como que no le gustaba que los visitáramos, íbamos a dejar el diario, no más, pero como que nos sentíamos un poco mal; era nuestra primera vez, y veíamos, de repente, gente dentro de una casa pero que no querían salir, entonces es una sensación media fea; pero más allá de eso vimos después que la gente empezaba a recibirnos y a hablar de cosas, y así fuimos terminando.
Estuvo muy bien todo, fue con mucho respeto.”

miércoles, 3 de febrero de 2010

Primera etapa de misión.


Primera etapa de misión. Miércoles a la mañana.



Comenzamos las visitas a las familias el miércoles en la mañana. Luego de una hora de actividad nos sorprendió una fuerte lluvia que nos obligó a interrumpir la misión y regresar.


Mauricio, uno de los seminaristas que nos acompañan, señaló que el valor principal de esta salida fue el primer contacto que tuvieron con la gente llevando adelante la misión; el ir valorando la importancia de llamar a la puerta de un hogar que los recibe o no, pero que siempre atendieron con respeto. También como misioneros debemos practicar ese respeto fundamental de llegar a una casa, el lugar donde vive la familia, siendo enviados a justamente a llevarles un mensaje por medio de la persona que nos recibe, y respetar incluso la distancia que las personas te ponen. Insistió en que debemos primeramente llegar con respeto a las personas, es lo más importante, valorar su diferencia y hasta su desconfianza, en definitiva respetarlos para que también nosotros podamos llegar a ellos.



"No hubo rechazo para hablar de Dios..."


Según él, la respuesta fue buena en las casas en que había personas, porque en otras quizás las personas estaban trabajando o no había nadie. "La respuesta fue buena: fue de recibirnos, quizás algunos no demasiados contentos, pero una respuesta de reflexión de un mensaje; un diálogo no tan exhaustivo; pero no fue de rechazo y da la impresión de que la gente no se niega a hablar de Dios, no hay rechazo para hablar de Dios, quizá creen de otra manera pero no hubo rechazo para hablar de Dios".

Celebración de La Presentación del Señor y procesión de La Candelaria.


En este día 2 de febrero en que celebramos con toda la Iglesia la fiesta de la Presentación del Señor, cuyo origen se remonta al año 1497, posamos especialmente nuestra mirada en María, a quien hoy recordamos bajo la advocación de la Virgen de la Candelaria. A ella, Madre de quien es Luz del mundo, le pedimos interceda para que nuestra vida irradie la luz de Cristo a todos, especialmente a aquellos que aún no le conocen.

La celebración comenzó en el templo con la bendición de las candelas que acompañaron la procesión. Luego, junto a parte de la comunidad parroquial, partimos hacia el río. En el trayecto rezamos el santo rosario, acompañado con cantos animados por un grupo de seminaristas.


Fue muy interesante la reacción de los vecinos, algunos de los cuales seguía tímidamente la procesión desde sus ventanas, a veces ocultándose detrás de las cortinas, otros se persignaban y rezaban con nosotros, por lo menos, cuando estábamos en su cuadra.


La evaluación de los seminaristas de esta actividad fue muy positiva, destacando la sencillez de la celebración unida a la muy buena respuesta de los fieles “pocos pero buenos”, a decir de una vecina. El párroco demostraba estar muy contento, sobre todo por la respuesta de la comunidad y la oportunidad del encuentro personal con varios fieles.

martes, 2 de febrero de 2010

¿Por qué una misión en La Barra?

¿Por qué esta misión? P. Luis Fariello, párroco.



El P. Luis Fariello es párroco de la comunidad desde el 2008, al consultarle sobre el por qué de esta misión y cuáles son sus expectativas contestó:


La misión es la función típica de la Iglesia y de los cristianos; consiste en el anuncio del Evangelio, en el anuncio de Jesús y la Buena Noticia que tiene para darnos, y es la actividad permanente de cualquier cristiano o cristiana, como bautizado. Justamente el bautismo, al hacernos hijos de Dios, una de las dimensiones que nos da es la profética, la del anuncio del Evangelio, de la Buena Noticia.

Luego, la Iglesia Latinoamericana, en Aparecida, nos invitó a recordarnos nuestro deber de ser misioneros, y en ese sentido, junto a los obispos americanos, nos invitó a tener una misión continental; en ese espíritu cada conferencia episcopal la va viendo sus propias necesidades.

Concretamente nuestra Iglesia Uruguaya, y en especial nuestra arquidiócesis de Montevideo tomó ese desafío, y estamos en un tiempo que llamamos de reencantamiento de la misión, de reencantarnos de Jesús, de su vida.

Todo ese es el contexto por el cual esta parroquia, que según como se mire es la última de la diócesis, o la primera, según se viene del Este o el Oeste, siendo una zona rural, específicamente diferente a lo que es el resto de la ciudad, quiere revitalizar la zona, a través de una actividad de misión que haremos en un tiempo, y para eso, el señor obispo nos ha enviado a los seminaristas de la diócesis con su bendición, para que colaboren con nosotros en este tiempo, del 2 al 8 de febrero.

La idea es básicamente como personas de la comunidad, visitar a las familias en sus casas, llevarles el anuncio desde la parroquia, y la invitación, no sólo a venir, sino también a recibirnos cuando así lo deseen.


¿Cuáles son sus expectativas?


Que el Señor nos sorprenda...


Aprendí a no esperar nada; ésa es la idea, estar abierto, justamente a la esperanza, estar abierto a lo que Dios quiera reflejar en esta actividad. Yo creo que es un tiempo en el cual mi única expectativa es que se haga lo que Dios quiera que se haga, que sea Él el actor principal y no nosotros. Quiero que el Señor nos sorprenda; si tuviese que decir algo de qué es lo que espero, eso es, quiero que Dios nos sorprenda con lo que va a pasar.